martes 10 de noviembre de 2009

Rubén Acevedo


Por más que Rubén Carlos Acevedo no se haya podido afianzar nunca en la primera de Boca y sus registros finales indiquen apenas 9 partidos oficiales con la azul y oro en el pecho, creemos que no tiene mucho derecho a quejarse. Es más, es todo un privilegiado.
Porque este defensor central clase 1960 nacido en San Nicolás y surgido de La Candela, tuvo un debut sólo para elegidos. Y no porque la haya descocido aunque hay que reconocer que cumplió una tarea correcta. Resulta que Acevedo se asomó por el túnel de la Bombonera el 22 de febrero de 1981, la histórica tarde que debutaban también Maradona y Brindisi frente a Talleres. Más de medio país quiso estar presente esa tarde en la cancha de Boca, así que bastante bien se portó el destino con nuestro homenajeado dándole la oportunidad de formar zaga con Huguito Alves, Mouzo y Cacho Córdoba.
Al domingo siguiente volvió a integrar el equipo titular que mandó Marzolini a la cancha y empató 2-2 con Instituto en La Boca. Esa tarde, hubo algunos cortocircuitos defensivos pero desde ya que no puede achacársele toda la responsabilidad a Acevedo. La Pantera Rodríguez hizo lo suyo también. A partir de ahí, fue quedando en el fondo del mar a manos de Tesare primero, Pasucci después y Ruggeri finalmente.
El parate de Acevedo duró año y pico. Su retorno fue el 16 de mayo de 1982 por la última fecha de la primera fase del Nacional. Un Boca ya eliminado y con suplentes recibió en la Bombonera al Lobo mendocino y le ganó 1-0 con gol de Ramoa. Ese año 82 jugó algunos partidos más, siempre aislados y como hombre de recambio en el Metro o integrante de formaciones de emergencia en la Libertadores.
Su presencia en el juego aéreo y cierta firmeza que se podía intuir, se mudó a partir de 1983 al Bosque de La Plata. Su carrera siguió en Gimnasia, para luego desfilar por Tigre, Cipolletti de Río Negro, Atlético Rafaela, Central Córdoba de Santiago del Estero, Sarmiento de Junín y Social de Ramallo.
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(Gracias a Guille por la colaboración)

Boca festejando un campeonato (I)

Cuando un árbitro pita a los noventa y Boca abrocha y mete en su bolsillo un nuevo campeonato, es muy fácil perder la noción exacta de lo que empieza a pasar en el campo de juego a partir de ese momento. Son minutos a pura confusión y en los que lo único que se quiere ver es la tan ansiada vuelta olímpica.
Pero en frío y con varios decibeles (?) menos, uno puede repasar que a lo largo de la historia, hubo muchas vueltas olímpicas que vinieron en combo con algunas yapas imposibles de dejar pasar. A saber y en orden cronológico.
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Vuelta olímpica con muñecos de Sugus. Boca campeón 1954

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Novia con barrilete. Boca campeón 1981

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Alambrado de Casa Amarilla derribado. Boca campeón 1992

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Muñeco (?) inflable. Boca campeón 1998

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Copa inflable. Boca bicampeón 1999

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Remeras cargando a River. Boca campeón de América 2003

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Globos aerostáticos en campo de juego. Boca campeón 2003

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(Gracias a Sebi por la colaboración)

lunes 9 de noviembre de 2009

Boca 1975


Arriba: Biasutto, Patota Potente, Ovide, La Fuente, Tano Pernía y Tarantini. Abajo: Felman, Alves, Hugo Paulino Sánchez, Marcelito Trobbiani y M. González.

sábado 7 de noviembre de 2009

Droopy (V)


Pizzería La Boca en el barrio la Barceloneta. Barcelona, España.
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(Gracias a Fernando González)

viernes 6 de noviembre de 2009

Ariel Carreño


Sin ponernos a analizar mucho en detalle, lo cierto es que la trayectoria de Ariel Sebastián Carreño en Boca no fue muy impactante que digamos. Ni desde las estadísticas ni desde el rendimiento. Estamos hablando de un delantero con presencia física, velocidad y algo de habilidad. Dicho así suena bárbaro, pero a esto hay que sumarle un andar tibio y una cantidad importante de lagunas por partido.
Surgido de las inferiores xeneizes, debutó oficialmente la tarde noche del 16 de agosto de 1998 en el 3-2 a Gimnasia de Jujuy por la segunda fecha del Apertura. Tras estar sentadito ochenta y nueve minutos de espaldas a Del Valle Iberlucea, fue un espectador de lujo para ver el gol a favor y el gol en contra de Martín Palermo. Pero casi en el cierre, recibió una indicación paternal de Bianchi y entró a la cancha para reemplazar a Juan Román Riquelme.
Ese minuto jugado, fue ni más ni menos que su primer ciclo con la azul y oro ya que estuvo un tiempo más pero no fue tenido en cuenta en ese verdadero equipazo que se formó sin que muchos nos diéramos cuenta. Por eso, sumado a que Guillermo y Palermo estaban en llamas, debe haberlo pensado bien y agarró volando una oferta para irse a préstamo al fútbol mexicano.
Luego de la experiencia más un paso por el Funebrero, volvió en 2001 para comenzar a transitar su segundo ciclo en el club, con bastante más rodaje que el anterior. Tras jugar algunos ratos aislados, por fin pudo tener sus noventa minutos completos. Fue el 25 de junio de 2001 en la Bombonera, una noche de empate 2-2 contra el Vasco da Gama por la Copa Mercosur. Y esa jornada, coronada con un bombazo que terminó en gol, generó bastante ilusión en los hinchas y cuerpo técnico. Carreño se posicionaba de buenas a primeras como alternativa en ese semestre de transición anunciado por el Virrey. Fue en esta época donde alcanzó mayor continuidad y marcas en las redes contrarias. Nada para descorchar pero era una opción a tener en cuenta. Así anduvo hasta mediados de 2002, donde el Maestro Tabárez metió mano y evidentemente no hizo mucho para retenerlo.
Se puso las camisetas de Chicago y San Lorenzo y pegó la vuelta a mediados de 2004 para su tercer ciclo en el amanecer del ciclo Brindisi. En su segundo partido se mandó con un gol electrizante en el 3-0 a San Lorenzo en la Bombonera, tras enganchar y ajusticiar la valla azulgrana. Lo gritó con alma y vida de cara a los socios de Casa Amarilla, tal vez pensando que podía ser el trampolín definitivo para su relanzamiento. Pero no. Compartió la agonía de Boca en ese Apertura 04 y tras jugar contra Almagro por la última fecha, se fue definitivamente del club dejando tres ciclos, 44 partidos oficiales disputados y 8 goles convertidos. Más allá de si los números le alcanzan o no para zafar, la sensación es que como mínimo le faltó ese plus necesario para pegar el gran golpe.
Su carrera incluyó toda la paleta de colores al ponerse las camisetas de Puebla de México, Chacarita, Nueva Chicago, San Lorenzo, Thun de Suiza, Lanús, Tiro Federal, San Martín de San Juan y Millonarios, Once Caldas y actualmente La Equidad de Colombia.

jueves 5 de noviembre de 2009

Enzo Ferrero, el escorpión xeneize


En algunas épocas Boca promocionó a primera figuras rutilantes. A principios de los 70 sin dudas que Mouzo, Potente, Ferrero, Trobbiani y Tarantini fueron las apariciones más importantes. De quien escribiremos ahora es de Enzo Ferrero, puntero veloz, muy hábil y goleador que en algún momento por 1973 compartió el puesto con otro fenómeno traido de Belgrano, Carlos Guerini.
En el verano de 1974, como siempre, se disputó el torneo Ciudad de Mar Del Plata, en esa época en el estadio San Martín. Los rivales, River, Aldosivi y Huracán. Precisamente frente al Globo, el 20 de enero en lo que fue un 4 a 2 a favor de Boca, Ferrero marcó el tercer gol con una jugada que contemporáneamente patentó el arquero colombiano René Higuita: el escorpión.
En la nota con un blog colega cuenta Ferrero: “...Ponce cruzó un centro sobre la izquierda, la pelota hizo una comba y me quedó atrás, me tiré y le metí un tacazo, entró en el ángulo sobre la cabeza del arquero Leyes. Todos los goles tienen algo especial, pero ese fue el mejor que hice...”.
Él en realidad lo hace muy simple. Semejante golazo fue nada menos que tirándose de palomita, dándole con los tacos, o sea el famoso escorpión realizado por una figura xeneize y terminando en gol. Ferrero lo recuerda como su mejor gol en Boca. Algunos como el mejor de la historia.
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Autor invitado Miguel Sarfson

Raúl César


Si arrancamos con un “...al César lo que es del César...” ya tendriamos un inicio. Flojito, pero inicio al fin. Ahora, no nos podríamos quejar si alguien pregunta malintencionadamente: ¿qué es concretamente lo que le corresponde a Raúl Andrés César? Y la verdad, difícil encontrar una respuesta.
Volante pelilargo por izquierda de los que hoy llamaríamos enganche, habilidoso pero algo calesitero, que llegó calladito en 1989 para sumarse al ciclo de Aimar.
Debutó oficialmente el 26 de noviembre casi terminando la primera rueda de la temporada 1989/90. Fue una tarde nublada frente al Lobo en la Bombonera cuando el Cai puso suplentes priorizando la Supercopa. César, suplente de los suplentes, entró a los veinte del segundo tiempo por Hoyos más que nada para hacer de diez y coordinar los ataques xeneizes. Misión más que jodida teniendo en cuenta cómo chocaban ese día Pico en una punta, el Coya Gutiérrez por el medio y Sergio Berti por la otra banda. Y sin exagerar, esa delantera puede tirar al bombo al más pintado. Obviamente la aventura terminó como tenía que ser. Derrota final 2-3. Digna, pero derrota al fin.
En el Apertura 90 sumó algunos minutos aislados formando parte del infernal mete y saca jugadores que había decidido Aimar en la agonía de su gestión. En una de esas incursiones, César metió su único gol con la azul y oro en el pecho con medias blancas (?). Fue una volea de atropellada sobre el arco del Riachuelo para empatar un partido chivo que había empèzado 0-2 a favor de Mandiyú de Corrientes.
En 1991 con Tabárez en el banco pudo jugar menos todavía. Y hay un motivo contundente. Ese equipo del Maestro era una máquina que ponía a los rivales en fila para ganarles. Y eran épocas en las que no se hablaba ni por asomo de rotación. Los titulares ponían la cara en el campeonato local y tambien en la Libertadores, postergando a todo el resto del plantel.
Tras el mazazo en las finales con Ñuls, jugó algunos partidos de la Liguilla y cerró su paso por Boca dejando para la estadística 14 encuentros disputados y 1 solo gol covertido.
Su carrera incluyó dos ciclos en Estudiantes de Buenos Aires, Platense, Vélez, Unión General Pinedo de Chaco, Querétaro FC de México, Millonarios de Colombia y Kalamaria de Grecia.